Poética
by Bartolomé Ferrando
(Texto publicado en la revista Insula 603-604, pág 21)

* A menudo desarreglo el orden de las palabras y las
articulo de otra manera: todos los substantivos agrupados, apelotonados, mientras cabalgan los verbos unos sobre otros
intercambiando sus papeles. Los artículos cambian de
género. Los adjetivos, de pronto, desaparecen.

* En ocasiones hago gimnasia con las palabras: las estiro,
las hago saltar o las doblo sobre sí mismas; en otras, les
cambio la velocidad: convierto las palabras lentas en
rápidas y a la inversa, dando uso a un sinfín de variantes.
El resultado es un atasco o una gran fluidez. De este modo
los objetos reposan o se mueven frenéticamente. Casi nada
permanece en su sitio. Mostramos y demostramos un parpadeo
arrítmico, asimétrico.

* Mellar las palabras, agujerearlas, arrugarlas, quemarlas
parcialmente, aplastarlas, coagularlas o romperlas,
descubre y revela una pluralidad de vías creativas y de
intervención con el lenguaje escrito: desde cambios de
sentido hasta superposiciones o encabalgamientos; desde la
construcción de vocablos parcialmente ininteligibles hasta
la reagrupación o dispersión de elementos residuales. Usamos
el cuerpo de la letra con las características físicas que
ostenta: su dureza, su fragilidad, su textura, su
flexibilidad, su elasticidad. La escritura se diluye, se
disuelve, se desbarata.

* Pienso palabras. Palabras redondas, elásticas,
angulares, puntiagudas. Con el pensamiento toco y
acaricio las palabras. Pensamientos de colores
impregnan palabras. Palabras que dan sombra a otras,
encogidas en los repliegues y esquinas del pensamiento.
Palabras que recorren el pensamiento de parte a parte, se
balancean a la deriva o permanecen encaramadas en lo alto
de un montículo. Tejidos. Retales de habla.

* Acompaño las palabras con gestos. Gestos redondos,
cuadrados, curvos, en zig-zag. Gestos que escriben palabras
allí donde no están. Gestos que repiten siempre la misma
trayectoria, el mismo recorrido. En el centro de un gesto
incrusto otro que se mueve en sentido contrario. Relaciono
un pensamiento con un gesto que nada tiene que ver con él,
sin mediar palabra alguna. Injerto trozos de habla en un
discurso encadenado de gestos. Reutilizo en ocasiones
algunos que ya había olvidado y arrinconado.

* A veces miro las cosas a través de las palabras, y si
éstas fermentan y se descomponen, también lo hacen aquellas.
El resultado es imprevisible: los objetos se deshacen y
permiten que el lenguaje entre a formar parte de ellos, o
a la inversa. De este modo todas las cosas albergan
potencialmente su propia transformación, su permanente
cambio. Entonces preciso volver a construir la trabazón
del pensamiento y Del habla. Palabras desconocidas exigen
ir acompañadas de nuevos gestos. Los objetos nos miran con
sus ojos apuntando en otra dirección. La escritura se
despeina y desgrana como un puzzle, a medida que el espacio
no ocupado cobra mayor relieve. La movilidad de los
corpúsculos es enorme. Es en ese momento, en esa situación,
uando advierto que las posibilidades creativas se expanden, se
multiplican, se desbocan.

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