Ante los ojos de J. E. Cirlot: El oyo y su simbolismo
by Gustavo Vega

“En el polvo vivimos con los ojos”
(J. E. Cirlot, COSMOGONÍA)

 

Juan-Eduardo Cirlot, en su magnífico libro EL OJO EN LA MITOLOGÍA, SU SIMBOLISMO, constata un hecho, la presencia de ojos heterotópicos -ojos presentados en lugares que anatómicamente no les corresponde- a lo largo y ancho del mundo y sus culturas; al tiempo que, ya en los prolegómenos del mismo, se pregunta sobre la existencia de alguna razón profunda de la que broten tales creaciones y fantasías. Es decir, plantea la cuestión de saber si tal fenómeno es pura casualidad o su existencia responde a alguna razón general que afecta al común de los humanos.

Hay ejemplos de creaciones individuales, tal es una obra de René Magritte, en la que aparece un ojo en el centro de una loncha de jamón, y hay ejemplos de símbolos y creaciones icónicas que afectan a colectividades enteras. Así, un ojo en el centro de un triángulo es para los que compartimos la cultura occidental una tópica representación de la divinidad.

Han sido colocados ojos en el centro de un plato, o haciendo de fanal de popa en un barco, o hundidos entre la olas móviles de un mar gráfico, o en el horrible centro de una frente ciclópea, o conformando la vestimenta de un cuerpo divino, o entretejidos entre las plumadas alas de un ángel, o… Ojos y más ojos de forma inusitada, irreal, ante los ojos, nuestros ojos de espectadores. Ojos en el centro de explicaciones míticas, entre símbolos y ritos religiosos, entre exvotos, en obras de arte… ¿Y en poemas visuales?

Antes de tener conocimiento de este libro yo mismo realicé una obra, un poema-libro, que está en consonancia con lo dicho. Se titula TE MIRO, ME MIRAS y es un libro de artista -pieza única- permanentemente abierto y totalmente en negro. En él no hay nada, oscuridad inquietante, excepto el hecho de que en el centro visual hay un agujero y en su fondo un ojo abierto, una pupila, que se clava en las pupilas que la miran. Ojo que reclama con gritos callados la mirada de algún espectador. Mirada, ojos, atraída por un ojo que mira, que invita a descubrir, o a descubrirse. Pero… ¿de donde surgió esta obra? ¿Cual fue la razón profunda que me arrastró a tal creación? Yo sólo sé que se me ocurrió sobre la marcha. Aunque, en sintonía con las reflexiones de Cirlot, pudiera seguir preguntándome si es pura casualidad o si tal realización responde a alguna razón general que afecta al común de los humanos.

J.E.CIRLOT frente al fenómeno de tantos ojos presentados en lugares que anatómicamente no les corresponde e intentando dar respuesta a los interrogantes que ello le provoca, se sumerge en los intrincados mares de las mitologías, de leyendas, de religiones y del arte. Fruto de lo cual fue la publicación, allá por el año 1954, en Laboratorios del Norte de España, Masnou, Barcelona, de la primera edición de esta obra que ahora tenemos entre manos, ante los ojos. Obra primera que está en línea con una particular investigación personal que florecerá pocos años después dentro de su monumental estudio sobre simbología titulado DICCIONARIO DE SÍMBOLOS TRADICIONALES primero, 1958, y DICCIONARIO DE SÍMBOLOS después, 1969, en su segunda edición ampliada. Libro, este último, que ha sido traducido a las principales lenguas de cultura y que sigue siendo una obra de consulta imprescindible.

Hay otras partes del cuerpo que también han sido presentados de forma anormal, pero es el ojo el miembro que despierta un especial interés. Él es el punto en el que la luminosidad interior y la exterior coinciden. Y es, al mismo tiempo, recipiente de vida espiritual y reflector de energías y bienestar. Lugar privilegiado, sin duda, para que en él se fijaran y lo transformaran en elemento simbólico y alegórico tanto las creencias mítico-religiosas como los artistas. Cosa que ha sido llevada a término de diferentes modos: por desplazamiento -ojos fuera del lugar que por naturaleza les corresponde-, por disminución -un solo ojo- y por su aumento numérico -se incrementa el número de ojos-. Más la variante de el ojo independizado, aquel que aislado de su entorno fisiológico, se muestra convertido en mero símbolo.

También hemos de tener en cuenta el poder asociativo de los símbolos -a ello se refiere en el último capítulo- y al significado complejo que dimana de la interacción símbolo-contexto. Cualquier símbolo se ve modificado por su situación en un contexto. Además del interesante fenómeno de la generación de complejos simbólicos que dimanan de la asociación de símbolos diferentes -el ojo-sexo de Indra-.

La superior potencia emotiva del ojo heterotópico deriva del efecto sádico de su desplazamiento. Un ojo escapado de su órbita anatómica, inesperado efecto, tiene algo de escalofriante, señala con especial sutileza el autor.

En su inevitable mirada a la Historia, Cirlot pasa del ojo fascinador de los dioses protectores del antiguo Egipto, que se espiritualiza aún más en virtud de su abstracción, a la fronda de ojos heterotópicos que pueblan la cultura de la India y, a partir de ella, otras culturas orientales. Así, por ejemplo, los ojos de Indra, dueño del rayo, dios de los mil ojos, son ojos que irradian energía y poder vital. Ojos engendradores, como el miembro sexual al que a veces suplantan. Un tercer ojo en la frente de los dioses y de los humanos, ojos en las manos, ojos desparramados por el cuerpo… son en oriente ojos portadores de valores positivos que contrastan con el negativo signo que tendrán los ojos heterotópicos de las leyendas griegas, que no expresarán otra cosa que inferioridad. El cíclope con su único ojo representará la fuerza bruta frente a la fuerza inteligente y humana del héroe.

Cirlot también se hace eco de los ojos heterotópicos creados por el Cristianismo y sus fuentes bíblicas. Ojos que hablan generalmente de luz espiritual, de presencia divina, y de bondad. Tan sólo en algunos momentos, particularmente en la Alemania del siglo XV y XVI, se demonizan. Y no se olvida de los personajes folklóricos, ni de las creencias y rituales populares, ni de concepciones filosóficas, ni tampoco de los simbolismos literarios y estéticos generados en los dos últimos siglos.

Cirlot, heterodoxo poeta de la primera generación de la posguerra española, tocado por el surrealismo, por el experimentalismo y, también, por el clasicismo, interesado por las interrelaciones de la literatura y el arte, hombre culto, se muestra en EL OJO EN LA MITOLOGÍA como un humanista apasionado, y conspicuo des-velador de misterios.

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